Lluvia Dorada Sobre Mí

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    BEWA[B]
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    Rol: sumisa

    Lluvia Dorada Sobre Mí

    La tarde estaba tibia. Afuera se escuchaban sólo los sonidos de la naturaleza. Un zorzal, una paloma, una bandada de cotorras y alguna que otra ave más musicalizaban la hora de la siesta. Pero ella no escuchaba nada hacía un buen rato. Habían regresado de una caminata y mientras acomodaba algunas cosas, su Amo se había acomodado en su sillón de madera y la esperaba semidesnudo. Cuando entró a la sala no la sorprendió la escena, en realidad la estaba esperando. Él le ordenó quitarse toda la ropa y que se acercara a donde estaba. Obedeció sin mediar palabra y en segundos se encontraba de rodillas frente a él.

    Le gustaba tenerla de rodillas entre sus piernas. En penumbras sus ojos le devolvían un destello particular que no podía dejar de mirar. Hacía tiempo que había aprendido a leer esos ojos, a entender los mensajes que tenían escondidos y se le develaban sin permiso de su portadora. La oscuridad de su color se hacía más intensa cuando la tenía como ahora, entregada. A punto de brindarle el placer que era nada sin esos ojos, sin toda ella. Ojos brujos, tal vez. Ojos a los que siempre deseaba volver.

    De rodillas esperaba quietecita que aquel hombre al que pertenecía hiciera algo, le diera una orden o la tocara. Siempre era diferente. Siempre la sorprendía, aun sabiendo que vendría una sorpresa. La mano derecha se movió y tomó su barbilla levantándola. Abrió sus ojos para poder encontrarse con esos que le reflejaban la oscuridad más intensa y pacífica que conocía… pacífica en apariencia. Supo desde el primer momento en el que los vio que la harían caer en un abismo mágico nunca antes conocido. Y cuando en ellos se miraba, se sentía flotar en el medio de la noche más oscura y la atravesaban cientos de siglos, de humanidades, de historias.

    Se besaron como sólo ellos podían hacerlo. Besos que no son besos. Besos que para un simple mortal eran sencillamente besos, pero para ellos era mezclarse, beberse, sentirse, desintegrarse en el aliento del otro, y volver a armarse a través de él. Era un intercambio de ellos mismos, desde inmemoriales tiempos hasta el eterno infinito. Era ser y dejar de ser para transformarse, cada vez, en un nuevo ser… con el otro. Y era entonces cuando los sentidos se perdían en el tumulto de las sensaciones corpóreas y se hacían nada. Y ellos se transformaban en luz, en una sola e intensa luz que enceguecería a cualquiera y producía el eclipse de sus almas.

    La había tomado del cabello con fuerza mientras se besaban, eso le sirvió para alejarla un poco y volver sobre esa mirada. Cuando la tenía así, jadeante, caliente, entregada, no podía más que sentirla suya. Volvía una y otra vez a preguntarle si le pertenecía por el sólo placer de escucharla decir que sí, con un hilo de voz que salía flaquito entre el dolor y el placer de caer rendida a sus pies. Muchas veces creyó que si la soltaba en ese momento ella podría desaparecer como un fantasma, y ser un triste espejismo. Pero por fortuna siempre estaba allí, para Él, para sus caprichos, para el goce y disfrute de ambos. Porque así era. Los dos disfrutaban por igual de cada momento en el que el mundo desaparecía. O su mundo se fusionaba y eran sólo ellos.

    De un solo movimiento la acercó a su verga dura que latía ansiosa por sentir la suavidad de esa boca, la tibieza de la lengua ensalivada que la empujaría contra el paladar mientras se hundía en su garganta. Los sonidos guturales se comenzaban a oír instantáneamente y una electricidad le recorría el cuerpo de pies a cabeza. Luchaba entre cerrar sus ojos y abandonarse al placer que le producía la boca de su hembra y seguir mirándola mientras hacía su trabajo. Siempre terminaba haciendo un poco y un poco sin proponérselo y por simple reflejo.

    Nunca supo con exactitud cuándo comenzó a sentir deseos y placer de tener en su boca esa pija. Sabía con certeza que desde que estaba con Él se había convertido en placer y no un simple acto más dentro del propio acto. Sonreía, a veces, cuando recordaba los inicios de su actividad sexual cuando le habían pedido que hiciera un fellatio. Por supuesto que quien la inició ni siquiera usó ese término, apenas había podido decirle: “me la tenés que chupar porque a mí me gusta y es algo que se hace”, y ella, ya obediente, pero por otras razones, accedió tímidamente entre el asco por la zona y el displacer por inexperiencia. Pero desde hacía unos cuantos años, chuparle la pija a su Macho, su Hombre, su Amo, se había convertido en una necesidad. Sentir la piel, la dureza, la textura de esas venas hinchadas, la cabeza latiendo a punto de estallar, escuchar la respiración acelerada, entrecortada de Él, sentir cómo se tensionaba el cuerpo ante la inminente eyaculación, era un placer que creía que algún dios de algún culto pagano desconocido para ella se dignaba en regalarle por, vaya a saber, qué buena acción.

    Todo eso que sentía mientras chupaba la pija de su Señor, se decodificaba en su cuerpo a través de una simple reacción biológica. No entendía, intentaba algunas veces de encontrar una respuesta, sin lograrlo. Aunque tampoco se esforzaba demasiado por explicarse el motivo que hacía que los fluidos comenzaran a humedecerla, a empaparla. No hacía falta mucho, una caricia, una mirada, su voz tranquila diciéndole que se acerque, que le respire cerca, que toque su pierna, su presencia, eran más que suficiente. Una sola cosa de todas ellas alcanzaba para que su cuerpo comenzara a responder, a esperar, a latir, a desear más.

    La veía y la sentía compenetrada con su pija. Sus babas ya empezaban a caer de sus testículos al piso de baldosas rústicas. Había sentido su lengua acariciar la piel que los cubría. La punta de su pija había atravesado una y otra vez su garganta, y ella había luchado varias veces para no vomitar. No pudo contenerse y le comenzó a decir lo primero que salía de su boca. Le ocurría a menudo sentirse casi en trance y dejarse llevar por las sensaciones. Muchas veces no recordaba todo lo dicho, pero ella se encargaba de repasar la escena y contarle parte de lo que habían vivido. Estaba bueno ese ejercicio, pero mejor era dejarse llevar y que todo fluyera. Escuchó su propia voz diciéndole: “Por qué sos tan puta? ¿Decime por qué te gusta tanto?”. Ella empezaba a temblar cuando escuchaba su voz. La llenaba de un placer casi orgásmico escucharlo decir: “Muy bien, putita. Así… hasta el fondo. Demostrale a tu Amo cuánto lo adorás”.

    Con un pequeño juego de muñeca la levantó de pelo y la giró en el aire mientras le decía que se sentara sobre Él y lo cogiera… como puta, como perra. Como lo sucia y puta que era. Que le demostrara que merecía una atención de su parte, que le demostrara que también servía para coger y no sólo para chupar. Que lo hiciera sentir. Ella se sentó sobre esa pija dura como una piedra y comenzó a moverse como su razón no le indicaba. Se dejó llevar por los sentidos y se abandonó en ello. Movimientos circulares hacían que las paredes de su vagina sintieran por completo la rigidez y la fuerza de ese hombre. Alternaba con pequeños movimientos hacía adelante y hacia atrás, y cada tanto se quedaba quieta por unos segundos y se levantaba apenas, para sentir la cabeza entrar y salir del orificio de su concha. Estos movimientos le producían descargas de energía que la dejaban sin respiración. Sentía estar a punto de estallar y el cambio de movimiento e incluso abrir los ojos y ver la nada, la ayudaban a retrasar más el momento cúlmine de algunos de los tantos orgasmos que seguramente tendría. Hacía unos días ella le había hecho una comparación mientras cenaban en un restaurante cercano: “Ve? - le dijo- esta comida está tan rica que la quiero comer despacito despacito para que no se termine… Así me pasa con los orgasmos cuando estamos juntos… los corto, los paro, los trato de extender en el tiempo para que no se terminen… aunque sepa que no es uno, sino que viene de a muchos. Coger con Ud., es como comer una deliciosa comida”.

    Muchas veces Él jugaba con esos momentos y no le permitía parar para solo cortarle el orgasmo justo antes de que vuele. La dejaba temblando. La hacía parar y moverse un poco. Con uno o dos pasos era suficiente, o como esta vez que la hizo ponerse de rodillas sobre el sillón para inspeccionarla. Tocaba su concha ardiente, sentía con sus dedos y su lengua cómo latía, y escuchaba su respiración acelerada, entrecortada, indomable. Lo excitaba poderosamente escucharla gemir, igual que verla aceptar y responder cada orden que le daba, sin chistar, sin gestos ni reproches. Siempre pensaba que era difícil castigarla por ser tan obediente y dócil. Y muchas veces eso mismo lo utilizaba de excusa: “Sabés por qué te castigo? Por ser tan puta, por ser tan obediente!!”. “Sabés por qué te castigo? Para ver si dejás de ser tan puta!!”. Y por dentro se repetía que no era cierto y rogaba que esa putez jamás la perdiera. Era una especie de sueño hecho realidad que accediera a jugar con Él, que compartieran sus ocurrencias, que disfrutaran y se hicieran disfrutar de la manera que lo hacían. “Es sólo un juego. Seguí así… es sólo un juego”- se repetía en silencio.

    De rodillas en el sillón y con las piernas abiertas casi no podía controlar sus reacciones físicas. No podía contenerse y temblaba. Sus muslos habían cobrado vida propia y no le respondían. Quería quedarse quieta, pero el cuerpo hacía lo que quería. Gemía cada vez más fuerte y sin control. Él sabía en qué punto de excitación se encontraba, entonces hizo lo que tantas veces, dejó de tocarla y le ordenó acabar sola mientras la miraba. Cuando al fin pareció calmarse volvió a tomarla del pelo y la arrastró hasta el espacio que quedaba entre la mesa y la barra desayunadora. Le dijo que se pusiera de rodillas y erguida. En esa posición quedaba exactamente a la altura de su pija, que firme parecía que la señalaba. Ella levantó la vista y lo vio mirándola. “Chupáaaa putaaaa!!”, le gritó. Y sin dejar de mirarlo se metió la pija en la boca. Él agarró la cabeza con las dos manos y comenzó a cogerla por la boca, bien hasta el fondo. Ella no paraba de babear y se apresuraba a respirar entre embestida y embestida. Sin motivo aparente se detuvo, estaban agitados los dos.

    Él sacó suavemente la pija de la boca y la apoyó en la mejilla derecha de ella. Era algo frecuente que hiciera esto. Él dejaba la pija cerca de la boca y ella en escasos movimientos tenía que capturarla con los labios y sin ayuda de las manos. Demostrar como pudiera que su boca estaba hecha para chuparlo y que no importaba cómo, siempre lo lograría. Movió lentamente su cara en busca de su pija y escuchó su voz decirle: “No!... quietita”. En ese mismo instante ella comenzó a sentir que un fluido se descargaba suavemente desde su mejilla y recorría su hombro desnudo. Lo primero que pensó fue que Él estaba eyaculando, pero automáticamente se dio cuenta de que la cantidad del líquido era superior a la leche. Instantáneamente sintió la tibieza y ese olor ácido seco. Se dio cuenta de que lo que estaba recorriendo su espalda y seguía descendiendo no era otra cosa que su orina. Cerró los ojos. Se le mezclaron las sensaciones. En milésimas de segundos le vino el recuerdo de la serie que había visto hacía unos días donde una ex convicta golpeaba a una de las protagonistas y la dejaba tirada en el piso, no sin antes hacerle pis encima. Había pensado en ese instante lo humillante de la escena y de la situación. Aun asi en ese momento no sentía en absoluto que la estuvieran humillando. Una vez más se le mezclaban los mundos y sentía que todo aquello que en la vida cotidiana era un insulto, un desprecio, con Él se volvía un regalo, una atención, un halago.

    La orina seguía cayendo suavemente por su cuerpo. Tibia. Mojaba su cuello, su espalda, su pecho, el pelo. Mientras tanto ella recordaba a su profesora de Biología de la secundaria, esa que amaba la materia y para cada tema tenía una historia, que alguna vez les dijo que la orina era en el único de los desperdicios del cuerpo en donde iba parte de lo que nosotros éramos. Nuestras células muertas se desechaban en ella. Incluso bromeo diciendo que si alguien nos regalaba su pis, era el acto más romántico que podía hacer… Y ella lo estaba sintiendo así. Inexplicablemente no le daba asco lo que estaba sucediendo por primera vez. Sino, muy al contrario, la llenaba de dicha sentirse receptora de tal acto. Una vez más Él la hacía sentir especial, única y dichosa. La emoción de saberse digna de tal gesto de parte de su Amo, la embargaba… y lloró.

    Ese día comprendió que lo dorado de esa lluvia no se debía a la simplicidad del color. Lo dorado de esa lluvia tenía que ver con lo valioso del momento, con el grado de entrega de cada parte. Con la compenetración de uno en el otro, con la seguridad de saber que ella era suya y que Él podría hacer lo que quisiera sin temor a perderla. Esa tarde, una vez más, habían sellado tácitamente sus pertenencias.

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    Editado el 17/01/'19 10:13hs por BEWA[B]
  • Avatar de ccarlitos
    ccarlitos
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    Ubicación: Argentina

    Sexo: Hombre
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    Rol: Sádico

    Querida amiga:

    Hoy debo señalarte algo ajeno al BDSM y a sus relaciones D/s.

    Sos una escritora excelente.

    Como en otras oportunidades, me dejé llevar por el relato.

    En lugar de excitarme.

    En lugar de disfrutar lo relatado.

    Hoy disfruté de tu escritura, de tus palabras, de tus sencillos floreos.

    Deberé leerlo varias veces para tratar de no distraerme con este excelso placer literario.

    Para poder saborear el relato en sí, su desarrollo y contingencias.

    Para poder reflexionar sobre estas realidades del BDSM que tan poco se leen en estos Foros y en estos Muros.

    No hay GIFTs que expliquen esto, solo vos y tu palabra pueden hacerlo.

    Y encima reaparece Moshe.

    Tendré que entrar a esta web con más predisposición a la reflexión que al forro bardo.

    Muchas Gracias

    ccarlitos

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  • Avatar de MrHalls
    MrHalls
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    Edad: 52
    Rol: Dominante

    ¡Ésos son besos!

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  • Avatar de Dan4Dom
    Dan4Dom
    Registro: 04 abr '07
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    Ubicación: Argentina

    Sexo: Hombre
    Edad: 53
    Rol: Dominante

    Excelente relato srta BEWA[B] !!!

    Gracias por compartir.

    D4D.

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  • Avatar de coshita
    coshita
    Registro: 07 may '17
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    Edad: 51
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    ¡QUÉ PLACER! Gracias!

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  • Avatar de VLADIM
    VLADIM
    Registro: 05 ene '18
    En foros: 202 posts
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    Edad: 53
    Rol: Dominante

    Un relato muy bien logrado. Felicitaciones!!

    V

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  • Avatar de nini_lasissy
    nini_lasissy
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    Edad: 52
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    Como debe ser: nos deja HUMEDOS

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  • Avatar de chuchan
    chuchan
    Registro: 17 ene '19
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  • Avatar de BEWA[B]
    BEWA[B]
    Registro: 19 abr '16
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    Edad: 45
    Rol: sumisa

    Gracias por sus devoluciones por el relato. Como siempre, es un placer más conocer los efectos que les produce lo que escribo.

    Visto así, objetivamente, suena desagradable que te "hagan" pis. Como dice el relato: humillante, un desprecio, hasta asqueroso. Visto dentro de un contexto relacional intenso, profundo, todo puede ser diferente. Todo tiene que ver con lo que pensemos y con nuestros prejuicios. Cuántos hay que creen que practicar sexo anal es atroz, o que es una asquerosidad el sexo oral????!!!! Incluso, cuando somos chicos, pensar en los besos de lengua hasta nos generaba asco por la saliva del otro. Todo es cuestión de gustos, de la impronta del momento y la relación que se viva con el otro. Para ella fue un preciado regalo.

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  • Avatar de matx
    matx
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    Gracias por el placentero relato

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  • Avatar de Sissy Verónica
    Sissy Verónica
    Registro: 02 nov '06
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    Edad: 49
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    Excelente relato. Muy excitante, inspirador e instructivo. Felicitaciones.

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  • Avatar de ariana-insumisa-
    ariana-insumisa-
    Registro: 28 feb '17
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    Como siempre que te leo no puedo evitar transportarme al momento y casi sentirlo... Gracias!

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  • Avatar de CristianFate
    CristianFate
    Registro: 22 jul '07
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    Sexo: Indefinido
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    Rol: Dominante

    ¡Titulazo! Perfecto para una canción de los Lita de Lázzari y sus Cuadraditos de Mazmorra.

    Lluvia dorada sobre mi,
    que moja mi pelo y mi rostro hasta que
    llega a mi bó-ca,
    lluvia dorada sobre mi
    que me inunda.

    (Obviamente cantada con la melodía de "Raindrops keep fallin' on my head")

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  • Avatar de Arien
    Arien
    Registro: 28 ene '17
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    Ubicación: Argentina

    Sexo: Mujer
    Edad: 96
    Rol: Libertina

    BEWA[B], me encantan tus relatos. Escribís muy bien, manejas la tensión del relato. Hay maestría.

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  • Avatar de averso
    averso
    Registro: 19 ene '19
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    Rol: Masoquista
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    Editado el 23/01/'19 01:17hs por averso

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Reglas de las reuniones y eventos

Los eventos en Mazmo son muy grandes, con muchos asistentes y muchos elementos al alcance de la mano. Es por esto que es conveniente elaborar unas reglas para garantizar la seguridad de todos los participantes.

Estas reglas se dividen básicamente en tres: Los tipos de prácticas, el consumo de alcohol y una colección de reglas varias.

Tipos de prácticas

Prácticas no permitidas

Queda prohibido realizar cualquier tipo de práctica relacionada o que incluya lluvias de cualquier tipo, scat, cortes, asfixias (o cualquier juego de respiración), agujas y sangre.

Prácticas que requieren previa autorización

Debe avisarse en mesa de entrada o a algún colaborador del evento (llevan un cartel identificatorio) si se desea realizar cualquier tipo de suspensión o que involucre electricidad. En caso de autorizarse, un colaborador instruido en el tema presenciará la sesión sin participar, pero observando que todo se haga bajo un marco de seguridad. En caso de que esto último no pase, el colaborador puede (y debe) detener la sesión.

Prácticas riesgosas

En las habitaciones del evento se pueden encontrar varios carteles explicativos (algunos hasta con dibujos) sobre buenas y malas prácticas. Dónde golpear, dónde atar, etc.

En caso que algún participante observe que hay alguien sesionando que no cumple con estas buenas prácticas, está en derecho a acercarse discretamente y advertirle de buen modo el error. De repetirse, y previo informe a algún colaborador la sesión será interrumpida.

Alcohol

El alcohol puede ser un factor que transforme un juego en un mal momento. Es por eso que se establecen límites en la cantidad de alcohol consumido. Si un participante desea sesionar, no puede hacerlo si consumió por demás del límite estipulado. Asimismo, aunque el invitado no desee participar de ningún juego, también existe un límite (mayor) de alcohol permitido, después del cual no podrá comprar más bebidas alcohólicas.

El barman o el encargado de la barra se reserva el derecho de no expedir alcohol a quién no lo considere prudente.

Reglas varias

Están prohibidas las fotos y cualquier tipo de grabaciones

Para preservar la intimidad de los asistentes, aquel que sea visto con cualquier dispositivo de grabación (aunque no lo está usando) tendrá que retirarse del evento.

Personal de la organización, con su correspondiente identificación, estará en el Evento con una cámara retratando solamente a aquellas personas que explícitamente quieran ser retratadas para luego publicar dichas fotos.

Prohibido usar celular

Se prohiben los celulares para evitar que alguien pueda sentirse incómodo y sospechar que le están sacando fotos. Para evitar malos entendidos, directamente no se puede usar celular, ni para mirar la hora.

Nadie puede tocar a nadie que no se lo haya permitido

En los Eventos pueden darse situaciones de exposición. No hay que confundir esto con la invitación o habilitación a tocar a las personas en tales situaciones. Quienes no entiendan o no respeten este punto serán echados y denegado el acceso a futuras reuniones. La interacción entre dos o más personas requiere siempre de consenso explícito.

Nadie puede intervenir en una sesión en la que no participa

Salvo que se estén violando las reglas antes expuestas, nadie puede intervenir, ni nadie puede pretender participar de una sesión ajena. Se debe ser muy respetuoso ante estas prácticas.

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